BOLIVIA:
_Gobierno de Belzú (1848-1855)_
1 Sol, 1852.
Medalla monetaria.
Plata. 21,00 mm; 3,34 g.
_Acuñada por la Administración del pueblo Potosino en honor al Presidente Belzú._
A/: Busto con cabeza descubierta del Presidente Manuel Isidoro Belzú a izquierda, rodeado de la leyenda en arco superior: AL PRESIDENTE BELZU. En exergo: 1852.
R/: Plaza principal de Potosí con el Cerro Rico a la derecha y un sol radiante en la parte superior. En exergo, leyenda en dos líneas: EL PUEBLO / POTOSINO.
**ESCASA.**
Bascopé Tapia: #148 (Rareza RRR); Fonrobert #9572; Burnett #51A2
Muy Bueno [VF/VF-] con perforación.
**MUY ESCASA e histórica pieza (Rareza RRR). Totalmente clasificada y referenciada a tres catálogos especializados.**
En la época republicana, la tradición española de expresar gratitud, fidelidad y en muchos casos adulación, a través de medallas fue un medio bastante difundido y son testimonios de la personalidad del mandatario de turno, de hechos trascendentales de su gobierno o simplemente ponen en evidencia a los aduladores de las sucesivas presidencias. Además de constituir crónicas de la época, perduran en la actualidad, como testigos silentes de la historia.
Estas medallas hacían alusión tanto a eventos políticos, revoluciones internas, como creación de diferentes instituciones nacionales. Entre ellas existen algunas bastante singulares acuñadas en el tamaño y peso de las piezas circulantes. Se las conoce como “medallas monetarias” o “medallas moneda”, y dado que su peso, tamaño y contenido de plata era el mismo que el de las acuñaciones monetarias, estas medallas circulaban como medio de pago.
Manuel Isidoro Belzu irrumpió en el poder tras la revolución del 6 de diciembre de 1847, elevándose desde las filas militares con el respaldo fervoroso de artesanos y sectores populares que veían en él a su defensor frente a la oligarquía. Su gobierno (1848–1855) fue el tiempo del caudillo de las multitudes, un liderazgo intenso y carismático que desafió abiertamente a las élites tradicionales y proclamó una política de dignidad nacional. En un escenario sudamericano convulso, sostuvo una postura firme frente a presiones externas y buscó afirmar la soberanía económica mediante medidas proteccionistas. Fue una era de pasión política, de movilización popular y de un Estado que, por primera vez, habló con la voz del pueblo antes que con la de los notables.
$52.500,00
BOLIVIA:
_Gobierno de Belzú (1848-1855)_
1 Sol, 1852.
Medalla monetaria.
Plata. 21,00 mm; 3,34 g.
_Acuñada por la Administración del pueblo Potosino en honor al Presidente Belzú._
A/: Busto con cabeza descubierta del Presidente Manuel Isidoro Belzú a izquierda, rodeado de la leyenda en arco superior: AL PRESIDENTE BELZU. En exergo: 1852.
R/: Plaza principal de Potosí con el Cerro Rico a la derecha y un sol radiante en la parte superior. En exergo, leyenda en dos líneas: EL PUEBLO / POTOSINO.
**ESCASA.**
Bascopé Tapia: #148 (Rareza RRR); Fonrobert #9572; Burnett #51A2
Muy Bueno [VF/VF-] con perforación.
**MUY ESCASA e histórica pieza (Rareza RRR). Totalmente clasificada y referenciada a tres catálogos especializados.**
En la época republicana, la tradición española de expresar gratitud, fidelidad y en muchos casos adulación, a través de medallas fue un medio bastante difundido y son testimonios de la personalidad del mandatario de turno, de hechos trascendentales de su gobierno o simplemente ponen en evidencia a los aduladores de las sucesivas presidencias. Además de constituir crónicas de la época, perduran en la actualidad, como testigos silentes de la historia.
Estas medallas hacían alusión tanto a eventos políticos, revoluciones internas, como creación de diferentes instituciones nacionales. Entre ellas existen algunas bastante singulares acuñadas en el tamaño y peso de las piezas circulantes. Se las conoce como “medallas monetarias” o “medallas moneda”, y dado que su peso, tamaño y contenido de plata era el mismo que el de las acuñaciones monetarias, estas medallas circulaban como medio de pago.
Manuel Isidoro Belzu irrumpió en el poder tras la revolución del 6 de diciembre de 1847, elevándose desde las filas militares con el respaldo fervoroso de artesanos y sectores populares que veían en él a su defensor frente a la oligarquía. Su gobierno (1848–1855) fue el tiempo del caudillo de las multitudes, un liderazgo intenso y carismático que desafió abiertamente a las élites tradicionales y proclamó una política de dignidad nacional. En un escenario sudamericano convulso, sostuvo una postura firme frente a presiones externas y buscó afirmar la soberanía económica mediante medidas proteccionistas. Fue una era de pasión política, de movilización popular y de un Estado que, por primera vez, habló con la voz del pueblo antes que con la de los notables.